Posteriormente a su muerte en 1870 pasa a manos de su hija,
cambiando el nombre por Estancia Villa Teresa. Este histórico
casco, donde la historia y la naturaleza viven en perfecta
armonía, ha sido recientemente refaccionado, convirtiéndose
en un espléndido sitio para una jornada de descanso y recreación.
Conserva la invaluable arquitectura de antaño, a la que se
ha sumado una serie de atractivos que pueden ser recorridos
en compañía de un guía. Uno de los más importantes, sin lugar
a dudas es el predio prolijamente parquizado que rodea la
construcción. En este lugar se ha creado un extenso lago artificial
en cuyas aguas se puede navegar en kayacs o pasear en las
divertidas bicicletas de agua. A sólo unos metros se alza
un quincho que funciona como comedor.
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